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27.11.11

Supongo que la actualización de hoy se debe a que esta semana he dedicado más tiempo del que estoy acostumbrada a pensar. Ha sido una semana llena de cosas raras (el que me conoce lo sabe) y sin embargo he intentado mantener la sonrisa... aunque no siempre lo haya conseguido. Me he dedicado principalmente a reflexionar y meditar, me he perdido muchos detalles, detalles de esos que me alegran el día o me hacen sonreír... pero he visto otros que quizás estando al 100% se me hubieran pasado por alto.
Así pues, todo se basa en pensar, en inventar y en sentir. Desde hace años, guardo en una caja todo aquello que me produce alguna sensación. Escritos, fotos, recortes, dibujos, conversaciones, cartas, pequeños amuletos... lo que sea. Es cierto que algunas de las cosas que ahí guardo me han hecho daño y, de hecho, me siguen haciendo daño cuando destapo la caja... pero todo lo que hay dentro soy yo. Mis cosas buenas, mis cosas malas, mi pasado, las cosas que no fueron (y no van a ser), las que soy, las que cada día espero ser. Ayer revisaba esta caja y he llegado a una conclusión: las cosas que te marcan y te hieren son las que, al final, hacen de ti la persona que eres. 

22.11.11

tricolor


El reloj de la estación da mil vueltas. Si te descuidas, te deja atrás, te abandona. Los días grises se suceden, los molinillos de colores atados al balcón chirrían al roce del plástico quemado por el sol de un verano que ya ha pasado. Todo pasa y todo queda, decía Machado en referente a mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Pero sigo pensando que son más cosas las que quedan que las que pasan, que el mundo no es gentil para nadie y que el (buen) poeta siempre es peregrino. 

Por eso yo sigo aquí. Por eso estas líneas. Porque si algún día me lees, que sepas que estoy a tu lado. Ahora y siempre.


P.S.: Me muero de ganas por hacerle un cambio de look a mi pizarra de videla pero no me atrevo.

9.10.11

memories.

Vicky, te juro que hice todo lo que pude. Horas y horas de hospitales, de coches arriba y abajo, absurdas noches en vela y cábalas que no llevaban a ninguna parte. La última vez que salió de casa vivo lo saqué yo. Fuimos al médico a las nueve y a las once ya estábamos fuera. Y entonces me dijo: Fíjate, las once y ya vamos para casa... Y yo le contesté: No, no, de eso nada. Ahora mismo nos vas a invitar a desayunar. Y así fue. Nos montamos en el coche y fuimos a la playa. Dimos un paseo por la avenida y nos sentamos a comer un frankfurt. Para entonces, él ya prácticamente no comía nada, pero pasamos un buen rato. A los dos días me llamó. Me pedía que fuéramos a dar una vuelta como la del otro día, pero tu padre se había llevado el coche. Me propuso que cogiera el autobús y el tren y desde allí ya íbamos en su coche, pero a mí se me hizo un mundo eso de ir con vosotros en transportes públicos sin saber la combinación y confiando en mi fantástico sentido de la orientación. Así que no fuimos. Por la tardé llamé a mamá y le pregunté por él. Había estado hasta medio día con los zapatos puestos para ir a pasear. 

El miércoles de la semana siguiente sonó el teléfono a las tres de la mañana. Al otro lado de la línea, mi hermano: Oye que ya está, se ha acabado. Vale, voy para allá. Y cuando llegué, ya habían unos cuantos, los que habían ido llegando antes que yo. Vinieron los de la funeraria y nos echaron a las habitaciones. Tenían que retirar el cuerpo y eso era mejor que no lo viera nadie, así que me fui a la habitación de las dos camas y me senté. En el momento de hacerlo, miré por la ventana: estaba amaneciendo. Y fue entonces cuando un sentimiento de tranquilidad y desasosiego me invadió. Había hecho todo lo que había podido y lo había hecho bien, que nadie podía recriminarme nada y que ahora por fin descansábamos todos. Pensé que él ya no vería este amanecer... pero yo sí. Y que hasta que me llegara mi día, lo único que podía hacer era ser feliz, que eso era lo que me iba a llevar. ¿De qué iban a servir los grandes lujos si sólo daban dolores de cabeza y deudas? 

Así que lo mejor que puedes hacer, pequeña, es ser tú misma. Disfruta de todos y cada uno de los segundos que esta vida te regala, procura estar bien contigo y con los que te rodean. Porque lo único que debes intentar es ganar a cada segundo que pasa. Nunca te des por vencida. 

15.9.11

2011-2012

Tras un verano de desconexión total, la intención de este curso es reactivar el blog. Para empezar, puedo decir que soy oficialmente universitaria (lo dice mi carné de la URV), pero no me siento más mayor. No soy más mayor. No quiero ser mayor. Me sigue haciendo ilusión una bolsa de chucherías, hacer pompas de jabón o comprarme unos lápices de colores. En fin, dejando al margen esta reflexión, quería desearos a todos un curso de desasosiego y tranquilidad, al menos, un poco más relajado que el mío.

¡Sed felices!

29.7.11

Unas risas y quedamos cara a cara. Como agua que hierve o un volcán submarino en el fondo de mi estómago. O quizás sean mariposas, no lo sé. Burbuja a burbuja, implacable, algo se aloja en mí. Me tiemblan las piernas, el mundo a mi alrededor se detiene. Cierro los ojos, prefiero no ver nada. Todo lo que oigo son los latidos de mi corazón desbocado y tu respiración cada vez más cerca. Pum-pum. Pum-pum. Pum-pum. Cierro ojos y oídos al exterior. Se entreabren tus labios, lo sé, lo presiento. Vuelo

Y al final, un beso.

14.6.11

¡Preselectivianos, todos!
Desde aquí tengo que hacer un comunicado: TRANQUILOS. Que tengamos los nervios a flor de piel y moreno de biblioteca; que no nos salgan todas las cosas y dudemos hasta con las chorradas más estúpidas; que nos tiemble el pulso al escribir y no dejemos de hacer cábalas con nuestras posibles calificaciones para llegar a la ansiada nota de corte, no quiere decir que la selectividad nos vaya a ir mal, ni tampoco que debamos relajarnos. ¡Ánimo, nosotros podemos!

P.D.: estoy reclusa en casa sin poder hacer nada más que estudiar... que se acabe ya este infierno y empiece el mejor verano de mi vida, por favor.

10.5.11

puestos a contrastar...

No me gustan los cobardes, ni los que renuncian a sus sueños por miedo. No me gustan los pretextos, las indirectas, los argumentos retorcidos. No me gustan las mentiras, que me utilicen, que me infravaloren, ni que me lleven la contraria.  No me gusta ser el dos de picas en una mano de ases, la última anilla de la cadena, ni un pañuelo de papel o un bastón donde apoyarse. No me gustan las excusas baratas ni las promesas rotas. No me gusta que me investiguen, que inventen ni que la gente crea conocerme. No me gusta que intenten controlarme, que ironicen con mi vida, las frases hirientes. No me gustan las muecas que algunos hacen al sonreír, los gestos ampulosos ni las uñas mordisqueadas. No me gusta que me escondan cosas ni que me echen otras en cara. No me gustan las falsedades ni las hipocresías, las espadas de doble filo ni los cambios de humor sin sentido alguno. No me gusta la negatividad, pensar en todo lo que digo y en cómo va a ser interpretado. No me gusta que los demás sepan cosas de mi, que me interrumpan cuando hablo.

Me gustan los paseos en la playa, los besos con los ojos cerrados. Me gusta que me mimen, que me reten y que, de vez en cuando, me dejen ganar. Me gusta que la gente que me rodea cuente conmigo, que me escuchen y que me entiendan, que me hagan sentir bien. Me gusta cambiar, los pequeños detalles, las sorpresas. Me gusta improvisar, las cervezas a media mañana y los cafés a media tarde. Me gustan los imprevistos, las aventuras y no tener un rumbo fijo. Me gustan las mañanas de primavera y las noches de invierno, las pistas de esquí y la arena de la playa. Me gusta la música de Extremoduro, sentarme en el jardín a pensar, a ver pasar el tiempo. Me gusta el olor de One Million, los jerséis grandes y las gafas de sol. Me gusta hacer deporte, reír a carcajadas. Me gusta que me hablen y que me dejen hablar, participar en todo lo que pueda, reír hasta llorar pero no llorar para que otros se rían. Me gustan los abrazos inesperados por la espalda, que me hagan la comida, que me arropen si me quedo dormida en el sofá. Me gustan mis amigas, me gustan tal como son y por encima de todo y todos. Me gustan las canciones que hablan de mi, me gusta sonrojarme, descubrir a gente que valga la pena. Me gusta el blanco y el verde, el rojo de tus labios y ese color de ojos que cambia según el día. 

Pero sobretodo, me gusta que cada cual aprenda dónde está su sitio en el mundo. Aunque sea difícil, aunque duela.

1.5.11

Desde la Antlántida, con amor.

Querido yo,

me dirijo a ti para recordarte que los comportamientos impulsivos no sirven para nada. Que de nada sirve actuar sin medir tus consecuencias, tus palabras, tus actos si después te vas a arrepentir de todo a la vez. Que es completamente inútil mentirte a ti mismo, fingir que eres y dejas de ser a tu antojo, porque sabes que no es verdad. Puedes conseguirlo con los demás, pero no conmigo, no contigo mismo. Reconócelo, no se pueden dar pasos atrás en el tiempo y, a veces, por mucho que lo intentes, no recuperarás todo cuanto tuviste y perdiste. Sabes que valoro por encima de todo que luches para intentar conseguir lo que era tuyo, pero sabes igual que yo que ese esfuerzo es en vano. 

Querido yo, siento que nuestra relación haya sido, cuanto menos, tortuosa. Que hayamos pasado por todos los altibajos habidos y por haber en estos últimos 5 meses, que nos hayamos hecho daño y que no nos hayamos sabido curar las heridas. Pero lo que más lamento de todo es nuestra forma de zanjar los problemas. Nos cuesta, pero sé que podemos entendernos, que existe un punto medio. De todas maneras, me gustaría seguir recordándote cosas: los principios se tienen para tener algo en lo que creer, quieras o no. Y cuando éste "algo" hace que todo lo demás caiga, más vale abandonar los principios que te han hecho perder. 

Sólo tenemos una vida. Una vida que llenar con tardes al sol, con días de playa. Una vida de rosas, orquídeas y lirios blancos, de bombones Ferrero, de baratijas que se convierten en anillos caros con el tiempo. Que los días que se suceden deberían ir sin tiempo y con un Manhattan, arriba y abajo con la melodía exacta de los guiños de los rizos de tus pestañas y del parpadeo de ambos músculos eternos. El mundo tendría que vivir bailando. No importa si un vals, un rock o la canción de moda. Pero con la música adecuada para estar cómodos, para creer en nosotros mismos, en ti, en mi y en lo que nos rodea en lugar de en ese puñado de ideas preconcebidas con las que te has armado. 

La vida que estás buscando, querido yo, no la encontrarás en grandes cosas, sino en pequeños detalles. Te lo tengo dicho y sé que a veces incluso a mí se me olvida, pero es importante que ambos lo tengamos presente: no serás más feliz por tener más y más ambiciosos proyectos. Te aconsejo que en lugar de obcecarte por conseguir tus metas en un tiempo récord disfrutes de lo que te envuelve. Del olor a sábanas limpias o de la comida que hace mamá un jueves especial. Del arco iris un día de Sant Jordi, de los viajes en tren o las esperas que parecen no llegar nunca a su fin. Te propongo disfrutar de la sonrisa del que tienes al lado como si fuera propia, déjate inundar por una mirada de luz o unas mejillas sonrojadas. Y sobretodo, no intentes evitar enamorarte, tú sabes igual de bien que yo que es lo que más deseas en este mundo.

Desde la Antlántida, con amor.

PS.: Esta carta ha sido enviada sin dirección ni remitente, en una botella de cristal un día de tormenta. Sólo espero que tú, que la estás leyendo, no la retengas más que el tiempo necesario para leerla y volverla a lanzar lejos de tierra firme.

27.4.11

si no me miro, no existo.

Se avecinan tiempos duros. No es que esté mal, ni mucho menos, pero he (hemos) llegado a la conclusión que este curso es una prueba CONTINUA a nuestros nervios, a la paciencia que hemos acumulado durante casi 18 años para arrojarla toda ahora. No se duerme, no se sale si no es para ir a clase, no se come (o se come en exceso), no se mira la tele, no se lee... y yo sólo digo que tengo moratones en los codos y que la muñeca me suena cómo una hormigonera.

Pero quedan cosas. Queda echarse unas risas en clase, apoyarnos mutuamente. Queda media hora para descansar, tomar el sol, hacer el imbécil... Queda crear y dejar que nos crean un poco. Hablar, reír, tomarnos una caña antes de volver a empezar. A mi, además, me queda escribir y saturar el twitter. 
Si estás leyendo esto, te voy a desear suerte... quizá la necesites más que yo (sobretodo después de leer esto...).

Acostumbrado a escapar de la realidad,
 perdí el sentido del camino...
y envejecí cien años más de tanto andar 
perdido

17.3.11

años.

Llevo muchos días pensando en esto y he llegado a la conclusión de que de ninguna manera soy capaz de empezar esta pequeña historia de una forma original. Ha pasado tiempo, mucho tiempo desde que sé realmente que no entiendo nada de lo que me pasa, nada en absoluto de lo que sucede a mi alrededor. No hace, sin embargo, tanto tiempo que sé qué es lo que me hace querer, lo que me empuja, lo que me lleva a avanzar. 
Supongo que vivir una vida no es fácil. Mentira, no lo supongo, estoy convencida, ¡qué demonios, yo también tengo una! Pero no puedo negarte que la tuya sea especialmente difícil. Sacar adelante unos estudios, convivir en casa, ser el mejor a pesar de las lesiones, sonreír a todo y a todos y, lo que es todavía peor, contagiar ese optimismo a todos los que te rodean; embriagar con esas ganas de vivir, con esa sonrisa. No he compartido contigo todos los años de tu vida, ni tus mejores momentos. No he sido una buena influencia, ni he favorecido a tu sentido del humor. Pese a todo, tengo que decirte que has sido el protagonista de muchas (muchísimas) de mis proyecciones de futuro, la causa de mis rubores, el motivo de líneas y líneas de sentimientos disfrazados para ir a bailar. 
Así pues, solo puedo felicitarte. Felicitarte por ser la persona que has llegado a ser, por tu fuerza, por tus ganas de vivir, por ese extraño don de ver siempre la parte positiva de todo. Felicitarte por sonreír, por hacerme perder la vergüenza, por robarme los papeles cada vez que quieres. Felicitarte por tu integridad, por haberme regalado energía con cada pestañeo, por saber exactamente qué, cuándo y cómo decir las cosas cuando las necesito (no sabes bien cómo valoro eso...). Por último, pero no menos importante, felicidades por regalar al mundo dieciséis primaveras de tu presencia. 
Te quiero.


10.3.11

fragancias.


Hay un millón de olores. Y yo sólo quiero ése.



¿Cuándo vuelve a empezar esta maldita espiral?

25.7.10

arriba.

Un gran amigo me ha dicho: "La suerte puede ir de extremo. De la misma manera que no tener nada de suerte es malo, tener mucha también lo es, porque te impide valorar lo que tienes y pierdes humildad. De ese modo una persona se corrompe y deja de dar importancia hasta que le quitan todo."
Así que supongo que hundirse un poco es la única manera de salir a flote con la cabeza bien alta.