7.12.11

con los pies fríos...

Todas las paredes del edificio eran de papel. Estirada en el sofá, Denise podía escuchar perfectamente cómo algún vecino planchaba, hablaba por teléfono, tecleaba en su vieja Overwood o removía las aguas de la bañera. Al principio, todos esos ruidos eran un problema. Cada vez que intentaba concentrarse había algo que hacía pedacitos su armonía, así que se fue cerrando cada vez más y más. 
Cuando salía a pasear, se quedaba embobada mirando las luces de los coches o el trajín de la gente, arriba y abajo por la calle. Pensaba. Y lo hacía en el ojo del huracán, rodeada de escándalo, de ruidos, de humo, en pleno bullicio
Había dado un paso atrás. O un salto hacia adelante. En cualquier caso, algo había cambiado en ella, no sólo los amigos, el ambiente o ese extraño conjunto. Era algo que iba un poco más allá, como si sus pensamientos estuvieran un palmo por encima de su cabeza. Tendría que acostumbrarse, pero a ella le gustaba así. 

Denise descubrió que esa era la clave para poner límites válidos.

27.11.11

Supongo que la actualización de hoy se debe a que esta semana he dedicado más tiempo del que estoy acostumbrada a pensar. Ha sido una semana llena de cosas raras (el que me conoce lo sabe) y sin embargo he intentado mantener la sonrisa... aunque no siempre lo haya conseguido. Me he dedicado principalmente a reflexionar y meditar, me he perdido muchos detalles, detalles de esos que me alegran el día o me hacen sonreír... pero he visto otros que quizás estando al 100% se me hubieran pasado por alto.
Así pues, todo se basa en pensar, en inventar y en sentir. Desde hace años, guardo en una caja todo aquello que me produce alguna sensación. Escritos, fotos, recortes, dibujos, conversaciones, cartas, pequeños amuletos... lo que sea. Es cierto que algunas de las cosas que ahí guardo me han hecho daño y, de hecho, me siguen haciendo daño cuando destapo la caja... pero todo lo que hay dentro soy yo. Mis cosas buenas, mis cosas malas, mi pasado, las cosas que no fueron (y no van a ser), las que soy, las que cada día espero ser. Ayer revisaba esta caja y he llegado a una conclusión: las cosas que te marcan y te hieren son las que, al final, hacen de ti la persona que eres. 

22.11.11

tricolor


El reloj de la estación da mil vueltas. Si te descuidas, te deja atrás, te abandona. Los días grises se suceden, los molinillos de colores atados al balcón chirrían al roce del plástico quemado por el sol de un verano que ya ha pasado. Todo pasa y todo queda, decía Machado en referente a mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Pero sigo pensando que son más cosas las que quedan que las que pasan, que el mundo no es gentil para nadie y que el (buen) poeta siempre es peregrino. 

Por eso yo sigo aquí. Por eso estas líneas. Porque si algún día me lees, que sepas que estoy a tu lado. Ahora y siempre.


P.S.: Me muero de ganas por hacerle un cambio de look a mi pizarra de videla pero no me atrevo.

17.11.11

Ver el cielo en tres colores, esperando que anochezca. Desde lo alto del parque: el anfiteatro, el mar y el cielo a golpe de pluma. Texturas imposibles y nubes que parecen pintadas con aerosol. Cuatro frases embaladas, un guiño, te saco la lengua y escondo mis mejillas sonrosadas en tu pecho. No sé cómo lo haces pero siempre lo consigues y, si esto es una competición, te dejo que me ganes por un par de besos de esquimal y la promesa que repetimos antes de que dé tiempo a que se me vaya tu olor de la ropa. 

Ñam, ñam, ñam...

P.D.: lo prometido es deuda...